lunes, 12 de octubre de 2015

Jose Bruno el niño, uno de los mas grandes


He cometido una injusticia durante demasiado tiempo y ya es hora de subsanarla. Aún no habia una reseña en exclusiva al gran José Bruno "El Niño" en massbateria!!!!


Jajajajaja. Bromas aparte, José Bruno es uno de los mejores bateristas que nos ha dado este país y a tocado con algunos de los mejores intérpretes de por aquí.

Yo tuve el honor y el gustazo de conocerlo hace un par de años en LRDF del 2013 y es una pasada de tio. Peculiar desde la froma de vestir hasta su postura al tocar, pero ante todo, genial en su trabajo y como él dice, trabajando siempre para la canción.

Desde sus comienzos punkys en su Valladolid natal, pasando por Sex Museum, sus experiencias en EE.UU, su trabajo con Calamaro, Andy Chango y Fit.  Sus 300 alumnos que ha llegado a tener, podemos decir que es todo un referente del rock y la batería en nuestro país. Y además, es un escritor como la copa de un pino. Por todo esto, quién mejor que él para contar su história...
Foto: Paiste  José “Niño” Bruno nace en Valladolid donde a principios de los años ochenta comienza a tocar la batería en grupos de rock. Entre los años 87 y 90 estudió batería en Estados Unidos donde aprendió que la canción es siempre más importante que el instrumento. En el año 90 se establece en Madrid donde comienza su andadura profesional.
   Desde entonces ha tocado con grupos como Sex Museum, Def Con Dos, Vancouvers, La Cabra Mecánica, La Naranja China, Guerrila Gorila, La Vaca Azul, Los Coronas y muchos otros.
   También ha girado y grabado junto a artistas de la talla de Andrés Calamaro, Fito y los Fitipaldis, Jaime Urrutia, Coque Malla, Ariel Rot, Lichis y Miguel Rios entre otros. En 2008 toco con Andrés Calamaro y Fito & Fitipaldis en la gira 2 son Multitud.
   Jose Bruno fue elegido Mejor Baterista de Rock durante dos años consecutivos (2002-03) por los lectores de la revista Batería Total. Como profesor de batería impartió clases particulares entre los años 90-98 y debido a la eficacia de sus métodos llegó a tener 300 alumnos.
   En la actualidad imparte seminarios y clinics por toda España en los que muestra de una forma muy motivadora diferentes aspectos de la batería siempre desde una perspectiva musical. Algunos de estos seminarios son: "Con Parches En El Corazón": donde cuenta las experiencias de su trayectoria desde principiante hasta profesional y también como músico de estudio y de directo. "El Juego De La Improvisación": conceptos sobre la mente creativa al servicio de la musicalidad. "Ensayando Con Discos": donde analiza el estilo de los bateristas más influyentes en sus mejores grabaciones. 
   Colaborador de varias publicaciones, desde el año 2003 José Bruno escribe mensualmente en la revista "Todo Percusión" su sección Mis Canciones Favoritas y también ha entrevistado a algunos de los mejores bateristas de todo el mundo. En 2007 publica el libro "Baterías y Canciones" en el que analiza a los grandes bateristas en sus mejores grabaciones, agotando la primera edición de más de 1000 unidades. Ya en 2008 sale a la venta un adelanto de su libro "Diario de un Fitipaldi", de próxima publicación.
José Bruno utiliza baterías exclusivamente Yamaha. Usa los modelos Maple Custom Absolute, Al Foster, Recording Custom y Oak Custom.
Aparte de sus baterías, utiliza una gran variedad de cajas, todas ellas Yamaha: el modelo Elvis Jones; una caja con casco de acero de 12x5,5"; dos cajas con casco de cobre, una de ellas de 14x6,5" y otra de 14x4"; el modelo Roy Haynes (su favorita); el modelo Steve Jordan; la versión en 13" de la caja Steve Gadd; la caja Maple Custom con casco de madera y medidas de 14x6,5"; y la caja Maple Custom Absolute Nouveau en medidas de 14x4 con casco de madera de arce.
Además, en 2007 "el Niño" visitó la fábrica de platos Paiste en Suiza; a raíz de la visita firmó un contrato con Paiste y ha pasado a formar parte de su escudería, junto a algunos de los mejores baterías del mundo, como Stewart Copeland (The Police), John Dolmayan (System of a Down), Nicko McBrain (Iron Maiden) o Alejandro González (Maná). Utiliza los platos 15" PAISTE Hi-HatTraditional Series , 16" PAISTE Signature Fast Crash, 18" PAISTE Signature Fast Crash, 22" PAISTE Signature Full Ride, 19" PAISTE Signature Full Crash y 22" PAISTE China Traditional Series.

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Y aún más interesante contado de su boca...
Hace mucho tiempo que no he vuelto a ver a Carlos K pero entre los años 81 y 84 le veía todos los domingos en su puesto de discos y casetes de Cantarranas, el rastro de Valladolid.
Un año antes, yo tenía 15 y buscaba algo que no sabía qué era. En FP cambié tres veces de rama y ninguna me gustó. Al final, en un instituto de las Delicias conocí a Miguel Ángel Alegre que era baterista del grupo punk Los Disidentes. Un día me llevó en su Vespino a una casa de La rubia donde ensayaban. Allí vi por primera vez una batería y una guitarra eléctrica. En una habitación con muy poca luz y forrada de pósters de Sex Pistols, Dead Kennedys, Elvis Costello y carteles del Rockola escuché a Luix Disidente hablar de grupos de los que me hice fan sin ni quiera haberlos escuchado. Allí pasé muchas tardes viéndoles ensayar sus himnos ramonianos: "Ella es una masoquista" y "Esto no es Vietnam".
Y eso fue el principio de todo. Y también parecía el fin. (Gracias Bebe)
Cualquier persona sensata habría pensado que aquello de pasar las tardes en esa habitación que olía raro, llena de botellas de cerveza vacías y ceniceros sucios y soportando ese ruido insufrible, era, en el mejor de los casos, malgastar la juventud con malas compañías. Lo que para mi era la promesa de una futuro lleno de diversión y satisfacciones era un agujero de macarras y gente insana de esa que sale por la noche y se pasa durmiendo toda la mañana.
Pero donde está el peligro también está la salvación.
Y no había muchas más opciones. Lo demás era gris y muy aburrido y yo demasiado joven como para escaparme. La música me encantaba y hacia que me sintiera diferente, no quería ser un universitario borrego, ni trabajar en un taller, quería hacer algo que me gustara y cuando lo encontré no supe poner límites, estaba dispuesto a todo por conseguir que algún día el rock fuera mi forma de vida.
En ese agujero de punkys aprendí los primeros ritmos y me emocionaba cuando todos me decían que se me daba bien tocar la batería. Ego y posibilidades de ligar, dibujaban una buena prespectiva desde los quince años. Pronto debuté tocando una canción en uno de los conciertos de los Disidentes.
A riesgo de sonar a abuelo de la guerra, tengo que decir que ser punky en Valladolid en el año 83 y andar con el pelo de punta y muñequeras de pinchos era muy divertido. Nadie iba así. No creo que fuéramos más de 20 o 30 punkys. Era toda una provocación ir llenos de imperdibles con nuestros collares de perro y las botas de militar pintadas de blanco. La gente nos miraba mal y lejos de ofendernos nos sentíamos muy orgullosos de no ser como ellos. Su desprecio daba sentido a lo que hacíamos, aunque no supiéramos muy bien de qué se trataba. Puede que fuera sólo diversión y lucha contra el aburrimiento, o tal vez había algún transfondo más que no nos cuestionábamos.
Los domingos, el punto de encuentro de los punkys era el puesto de Carlos K en cantarranas. Allí compré las cintas de los grupos que había oído hablar a Luix Disidente. Volvía a casa temblando de emoción para escuchar por primera vez a grupos que ya adoraba. Algunos me decepcionaron terriblemente. Otros como Siouxie and the Banshees o Siniestro Total se convirtieron en favoritos. Otros tuve que escucharlos mil veces hasta que conseguí entenderlos como Jimi Hendrix. Desde el principio siempre estuve abierto a conocer todo el rock posible nunca me limité a un solo estilo.
Aunque era punky, escuchaba a escondidas (para no parecer menos punky) a Yes, Crimson, Genesis, AC-DC y también compré algunas cintas de jazz sólo porque me atraían la atmósfera de los negros tocando música incomprensible. Desde entonces siempre he mantenido esa aptitud abierta y aunque he tocado estilos muy diferentes en ocasiones en ambientes muy radicales, siempre he seguido escuchado cosas muy variadas.
Nunca supuso un sacrificio ensayar 10 horas al día porque eso era lo que me encantaba hacer. Aunque he tenido la suerte de tocar con auténticos génios del rock en castellano, nunca me he sentido especial por subirme a un escenario. Sé que toco bien y que la técnica es sólo una trampa. He dado clases a gente con mucha más facilidad que yo para aprender ritmos y manejarse con la batería. Pero también es necesario ser muy cabezota y que durante muchos años lo único que interese sea, para bien o para mal, tocar la batería.
El puesto de Discos K en el rastro fue mi primera escuela. Allí nos encontrábamos la gente de grupos como Reflejos, Analgésicos, Doping, y tres o cuatro bandas más (no creo que llegaran a diez los grupos que había en Valladolid por entonces) y hablábamos de la música que nos gustaban de la que odiábamos y de las bandas que queríamos formar.
A principios de los ochenta ni soñar con salas de conciertos más que las que nosotros pudiéramos improvisar en pubs de amigos. Para esas cosas había que ir a Madrid y la mayoría no teníamos edad ni dinero para ello. A partir del 81 Ian Gillan, Baron Rojo, Fisher Z, Thin Lizzy grupos demasiado convencionales para los gustos de mis amigos punkys vinieron a Valladolid y tocaban en el polideportivo de mi barrio, La Huerta del Rey, donde los chicos éramos unos expertos en colarnos, y gracias a eso, pude ver a todos estos conciertos.
Antes de tener una batería, mi primer grupo fue Acreedores Diversos (sí, estudiábamos administrativo) y nuestra primera maqueta "Otra mierda más" (sí, era muy divertido tener un grupo). Después, con mi primer trabajo para el Archivo de la Universidad de Filosofía y Letras de Valladolid (limpiaba la biblioteca), me compré mi primera batería. Con Jorge Bumpers montamos Los Replicantes. Fueron tiempos muy felices, teníamos el cielo en las manos, en nuestro propio local, donde ensayábamos todos los días. Tocábamos con muchísima ilusión y teníamos todas las ganas del mundo de aprender.
Los vecinos de la zona no estaban de acuerdo en que tanto afán y disciplina era el mejor camino para convertirnos en estrellas del rock y trataban de disuadirnos con métodos cada vez más creativos. La vecina de arriba guardaba el agua sucia de fregar en cubos y escondida detrás de la cortina esperaba a que sobre las tres y media de la tarde llegará ese sinvergüenza aprendiz de roquero para vaciarle los cubos en la cabeza antes de que empezara con ese ruido infernal. Como el joven baterista era bastante ágil, nunca consiguió alcanzarlo con ese agua fétida, lo cual encolerizaba más aún a la señora que intentaba desmoralizar a la sabandija roquera gritándole: "¡Deja ya de tocar el tamboril!
¿No te das cuenta de que eres malísimo?…. no haces más que ruido. ¡Te pasas la tarde dando golpes sin ton ni son!". Pero enseguida los gritos de la señora se ahogaban bajo un estruendo desenfrenado de tambores y platillos, hasta que media hora después, Jorge aparecía por la puerta.
Aprovecho para pedir disculpas a esta señora y también a el resto de los vecinos a los que con la crueldad propia de la juventud privamos de más de una siesta.
Después de Jorge conocí a Jimmy que quería ser cantante y tenía una colección impresionante de discos y era el que más sabía de música. Había recorrido Estados Unidos y su ilusión era volver a California para montar una banda. De los discos de Jimmy aprendí muchísimo. Y con él me fui a vivir a Madrid donde toqué con Sex Museum y en el año 87 a California donde montamos varias bandas que nunca llegaron a funcionar.
En Estados Unidos estudié batería, aprendí a leer música y todas las noches salíamos a ver bandas en directo. Tuve algunos profesores muy buenos y me pasaba el día estudiando. En los tres años que estuve en Los Angeles no tuve más vida que trabajar en restaurantes cinco horas al día y ensayar por lo menos otras ocho. Un verano vinieron de vacaciones Fernando y Marta de Sex Museum y seis meses después me ofrecieron ir a Madrid para tocar con ellos.
Volví a Madrid en Enero del 90 con treinta mil pesetas y una batería. Viví un mes en casa de la madre de Fernando hasta que los Sex Museum encontramos un piso donde fuimos a vivir todo el grupo. Por entonces empecé a dar clases de batería, actividad que mantuve durante los siguientes ocho años en los que tuve casi trecientos alumnos. Algunos vinieron durante un mes y otros varios años pero la experiencia supuso para mi un gran aprendizaje y una forma de ganarme la vida tocando la batería.
Además de con Sex Museum, normalmente tocaba con cinco o seis grupos más. En el 93 hice una sustitución para una banda de rap metal que se llamaba Def Con Dos y que habían hecho la banda sonora de Acción Mutante. Cuando el batería del grupo me vio tocar me dijo: ¡Ostias! Cómo tocas tío…… creo que me van a echar del grupo!
Los Def fueron el primer grupo con el hice una gira profesional y gané pasta (¡por fín!). Hicimos tres discos de oro y vivimos en la cresta de la guasa riéndonos de todo y tocando todos los fines de semanas durante tres o cuatro años delante de miles de personas.
Un viernes del año 99 fui a hacer una sustitución en el grupo de Andy Chango donde casualmente tocaba Candy, el bajista de Calamaro, quien al terminar el concierto me ofreció hacer una gira con Andrés que empezaba el lunes siguiente. Tocar con Calamaro fue un subidón increíble. Andrés es uno de mis cantantes favoritos de todos los tiempos y estilos. Giramos España y Argentina y en el 2000 grabamos El Salmón un disco quíntuple con 103 canciones.
Depués de tocar con Andrés, todos los años hice giras : La Cabra Mecánica, Miguel Rios, Ariel Rot, han sido algunas de ellas. Y también volví a tocar con Calamaro en el 2006.
Sobre el 2003 empecé a escribir en revistas y en Septiembre del 2006 publiqué Baterias y Canciones un libro sobre los maestros de la batería y sus discos más influyentes. En 25 capítulos analizo 25 discos clásicos: Steely Dan, Who, Chick Corea, John Coltrane, Beatles, Hendrix, Led Zeppelin, etc. y cuento la historia de estas grabaciones y el entorno musical en que se desarrollaron estos músicos. En un año se agotó la primera edición y en breve saldrá la segunda.
También fue en el 2006 cuando fui a hacer un prueba para grabar un disco con Fito y Fitipaldis y después de la grabación hicimos la gira "Por la Boca Vive el Pez" que ha sido una gira muy especial. Trabajar con Fito es una de las mejores cosas que le pueden pasar a un músico. El tipo se hace querer. Y hace que te sientas parte de su música de una forma que te sientes totalmente involucrado y disfrutando mucho. Durante la gira escribí un diario y también hice fotos de cada concierto. Cuando terminamos los 103 bolos regalé a Fito mi diario maquetado con las fotos. Le hizo mucha ilusión y es posible que se edite este año bajo el titulo Diario de un Fitipaldi. Ahí cuento las vivencias en la carretera de un músico haciendo una gira de rock que vieron casi un millón de personas y que duró quince meses durante los cuales pasamos por situaciones muy diferentes.
Cuando empecé a tocar en Valladolid con 16 años, nunca imaginé que iba a tener tanta suerte y a vivir cosas tan emocionantes; nunca pensé que me iba a convertir en un baterista profesional que patrocinan grandes marcas como Yamaha o Paiste y que iba a poder vivir tocando rock con grandes artistas y además dando seminarios donde hablo de mi libro y cuento mis experiencias. En ese sentido soy muy afortunado. No sé si porque me subí al tren que había que subirse o porque, como dice Bebe Contepomi, la vida no te da una o dos oportunidades. Te da mil.
Siento no poder dar ningún consejo a la gente que quiere dedicarse a la música porque sinceramente no sé qué hay que hacer. Lo que yo hice fue intentar aprovechar esas mil oportunidades y de algunas cosas no estoy seguro que volvería a hacerlas, pero en ese momento me salieron así.
Ahora mismo, en Marzo del 2008 estoy girando Sudamérica con Andrés Calamaro y la carretera, como forma de vida, aunque es dura y nada fácil, es algo que me fascina
Es lo que elegí hacer.
José Bruno
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