miércoles, 26 de agosto de 2015

Un accidente también es una prueba de fuego. Jose Rosendo

portada jose rosendo en massbateria

Aún a riesgo de parecer morboso o de querer utilizar el dolor ajeno para mi provecho, tengo que seguir contando, relatando esas historias de dolor y desesperación pero con final feliz, única y exclusivamente por sus protagonistas. 

He de seguir publicándolas porque en ellas hay un mensaje de sobre esfuerzo, de no decaer, de nadar contracorriente y creo que es bueno que se vea, que se sepa que el esfuerzo tiene su recompensa. Que cuando creemos estar sufriendo, de repente oímos estas historias y además de personas muy cercanas a nosotros y no puedes más que reírte de tus supuestos problemas y trabajar aún más duro si cabe.

La semana que viene tendréis la última historia. Todas verídicas y ciertas y de gente muy cercana a mí. He visto necesario contar estas tres vivencias, porque aunque el principio de cada una sea distinto, el camino hacia la solución ha sido el mismo, el trabajo duro y no darse por vencido.

Sé que muchos ya conocéis a Jose Rosendo. Gran batería manchego afincado en Barcelona, amante del metal extremo y endorser de varias marcas como Yamaha, Wincent, etc. Ya lo tuvimos por aquí en massbateria y este es el enlace por si quieres releerlo.

Sabía, de oídas, que había tenido un accidente y queriendo indagar un poco más, hablé con él y lo que me contó, me dejó de piedra...

Es increíble el hecho de cómo puede cambiar la vida de cualquier persona en tan solo un segundo. Lo hemos visto en innumerables ocasiones. Siempre pensamos que son cosas que les pasan a los demás, intentamos auto engañarnos creándonos una sensación de falsa seguridad para alejar los pensamientos negativos y poder llevar una vida normal. 

A mí me tocó, sin más. Visto y no visto. En Noviembre de 2013 un individuo se saltó una señal de “ceda el paso”, me tiró de la moto y me arrastró durante unos metros. Me mandó al hospital con tres fracturas abiertas en la pierna izquierda, dos en el peroné y una en la tibia y condenándome a cuatro operaciones con sus dolorosos post operatorios en los meses subsiguientes. 

Los primeros diagnósticos fueron todo un mazazo: con suerte, volvería a caminar con muletas. Cojeando, pero en pie. Cojo, a los veintisiete años. Por mi cabeza veía pasar una gira cancelada por Italia, mi trabajo, mis grupos, tantos años de estudio… y sencillamente, me negué a aceptarlo. 

Tenía una vida que recuperar, y no había tiempo que perder. Como en primera instancia, me era imposible ponerme de pie, la solución más lógica fue empezar a nadar. El primer día, exhausto y sin fuerza, no conseguí acabar un único largo que se me antojaba eterno. Poco a poco, día a día, fui mejorando mis marcas y terminé nadando 1500 metros por sesión, seis días a la semana. Gracias a esto, y contra todo pronóstico, conseguí sostenerme sobre mis propias piernas varios meses antes de lo que vaticinaban los traumatólogos. 

 Resultó ser que, según la fisioterapeuta que me habían asignado, el doble bombo era un ejercicio fantástico para la flexo tensión del tobillo, una de las zonas más afectadas, y en teoría “irrecuperable” del accidente. Así que sumé a los ejercicios acuáticos jornadas diarias de diez kilómetros de bicicleta, y un entrenamiento periódico de resistencia de doble pedal. El entrenamiento consistía en hacer series de varios minutos incrementando progresivamente la velocidad del metrónomo en intervalos de diez puntos por minuto; nada fuera de lo común para un baterista que se mueve dentro de los márgenes más extremos de la música. 

A los siete meses del suceso, en teoría, cuando debería estar empezando a poder andar con muletas, salí de la consulta del traumatólogo con la satisfacción de pertenecer a ese minúsculo grupo de personas que se recuperan de un accidente de magnitud grave sin secuelas relevantes. Todos los médicos que habían participado en algún aspecto de mi recuperación y tratamiento me felicitaron, visiblemente sorprendidos. La sangre, el sudor y las lágrimas habían dado sus frutos. 

Al poco tiempo estaba de vuelta en los escenarios, y menos de un año después del accidente, firmaba un contrato con los pedales AXIS como endorser. Extrañamente, tocaba mejor que antes del percance. Un sueño que se hacía realidad, cosa que si me hubieran contado mientras languidecía en la cama del hospital compadeciéndome de mí mismo, no hubiera podido sino reír con franca amargura. 

Actualmente me encuentro en pleno proceso de recuperación de la última intervención; una operación para retirar el material quirúrgico que quedaba en mi pierna, y dejar al fin que el suceso haya pasado de ser una tragedia a un simple mal recuerdo. Bueno, un mal recuerdo y una especie de sonda barométrica en la extremidad que, al igual que a los ancianos, me avisa de las incidencias meteorológicas. Y cada vez que llueve y noto un pinchazo en la pierna, me siento completamente feliz y contento de que solo sea eso. 
 Jose Rosendo es un tipo campechano y simpático con un par de... así de grandes y que en cualqier situación, coge siempre al toro por los cuernos. Ahora mismo está recuperándose de la extracción del último clavo y lo está haciendo como lo hace todo, encarando el problema y a por él!!
Colaborador habitual de este medio, esperamos con ansia sus nuevas lecciones, nada se recupere.

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